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El único sobreviviente japonés del Titanic fue condenado por no hundirse
Masabumi Hosono fue un ciudadano japonés que tuvo la mala suerte de sobrevivir al hundimiento del Titanic, o por lo menos para él fue toda una desgracia. Hosono era funcionario del Ministerio de Transporte nipón, y fue enviado el año 1910 a Rusia para que estudiara el sistema de ferrocarriles de aquel país. Finalizada su misión el año 1912, para volver a su hogar, decide hacer escala en Londres y embarcar el día 10 de abril de ese mismo año a bordo del infausto buque que, en la noche del 14 de abril, con los motores a plena potencia, se estrella contra un iceberg.
El japonés se encontraba en su camarote de segunda clase cuando llaman a su puerta para advertirle de que se pusiera el chaleco salvavidas y se fuera hacia los botes, pero en el camino, y en dos ocasiones, los oficiales del barco le cierran el paso pensando que sería un pasajero de tercera clase. Por fin, al tercer intento logra burlar a un guardia y continúa rumbo a su salvación.
En esos momentos, Hosono pensó que “no volvería a ver a mi amada esposa y a mis hijos, ya que no había otra alternativa para mi que compartir el mismo destino que el Titanic”. Como japonés que era, Hosono tenía muy presente la deshonra que supondría para su familia el volver con vida subiendo a un bote reservado a mujeres y niños. Aún así, “me encontré buscando y esperando cualquier posible oportunidad de sobrevivir”. Y así fue, quedaban dos plazas sin ocupar en un bote salvavidas, Hosono ocupó una de ellas y se salvó. 
Su historia atrajo poco la atención en su momento, pero tras conceder varias entrevistas a periódicos norteamericanos y japoneses, empezaron a irle mal las cosas. Perdió su trabajo y fue condenado como cobarde por la prensa nipona. Los académicos Occidentales dieron una explicación de por qué Hosono fue tan criticado, argumentando que había traicionado el espíritu del sacrificio del samurái. Otros apuntaban el fracaso del japonés por mostrar conformismo al haberse subido egoístamente en un bote salvavidas reservado a otras personas. 
Contra todo pronóstico, el Ministerio volvió a darle empleo hasta 1939, año en que murió de forma natural, por considerarle una persona muy valiosa como para prescindir de ella. A pesar de ello, el honor de la famila Hosono no quedó restablecido hasta que revelaron unos manuscritos que cuentan la versión de los hechos de Honoso a los medios de comunicación; aprovechando el éxito de la película Titanic de James Cameron.
Vía MT

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El único sobreviviente japonés del Titanic fue condenado por no hundirse


Masabumi Hosono fue un ciudadano japonés que tuvo la mala suerte de sobrevivir al hundimiento del Titanic, o por lo menos para él fue toda una desgracia. Hosono era funcionario del Ministerio de Transporte nipón, y fue enviado el año 1910 a Rusia para que estudiara el sistema de ferrocarriles de aquel país. Finalizada su misión el año 1912, para volver a su hogar, decide hacer escala en Londres y embarcar el día 10 de abril de ese mismo año a bordo del infausto buque que, en la noche del 14 de abril, con los motores a plena potencia, se estrella contra un iceberg.

El japonés se encontraba en su camarote de segunda clase cuando llaman a su puerta para advertirle de que se pusiera el chaleco salvavidas y se fuera hacia los botes, pero en el camino, y en dos ocasiones, los oficiales del barco le cierran el paso pensando que sería un pasajero de tercera clase. Por fin, al tercer intento logra burlar a un guardia y continúa rumbo a su salvación.

En esos momentos, Hosono pensó que “no volvería a ver a mi amada esposa y a mis hijos, ya que no había otra alternativa para mi que compartir el mismo destino que el Titanic”. Como japonés que era, Hosono tenía muy presente la deshonra que supondría para su familia el volver con vida subiendo a un bote reservado a mujeres y niños. Aún así, “me encontré buscando y esperando cualquier posible oportunidad de sobrevivir”. Y así fue, quedaban dos plazas sin ocupar en un bote salvavidas, Hosono ocupó una de ellas y se salvó. 

Su historia atrajo poco la atención en su momento, pero tras conceder varias entrevistas a periódicos norteamericanos y japoneses, empezaron a irle mal las cosas. Perdió su trabajo y fue condenado como cobarde por la prensa nipona. Los académicos Occidentales dieron una explicación de por qué Hosono fue tan criticado, argumentando que había traicionado el espíritu del sacrificio del samurái. Otros apuntaban el fracaso del japonés por mostrar conformismo al haberse subido egoístamente en un bote salvavidas reservado a otras personas. 

Contra todo pronóstico, el Ministerio volvió a darle empleo hasta 1939, año en que murió de forma natural, por considerarle una persona muy valiosa como para prescindir de ella. A pesar de ello, el honor de la famila Hosono no quedó restablecido hasta que revelaron unos manuscritos que cuentan la versión de los hechos de Honoso a los medios de comunicación; aprovechando el éxito de la película Titanic de James Cameron.

Vía MT